Durante años, los productores de leche de todo el mundo han trabajado duro en el desarrollo y la cría de vacas lecheras en busca de mayor producción. Pero en la actualidad con los rápidos avances en la comprensión de la estructura genómica y, más recientemente la edición genética, este proceso puede llegar a ser obsoleto. La tecnología de edición de genes es capaz de lograr de inmediato lo que en el ámbito de la cría de ganado lechero tomaría unos 50 años.
En primer lugar vamos a aclarar de qué trata la edición de genes. No estamos hablando de monstruos o individuos transgénicos del tipo de Frankenstein, como cabras que tienen genes de araña que les permitirían producir seda. Los experimentos transgénicos existen desde hace años pero nunca se han hecho fuera de los laboratorios de investigación. La reacción de los consumidores y las restricciones regulatorias a los transgénicos han funcionado como tremendas medidas disuasorias.
La edición de genes es otra cosa, ya que, en lugar de introducir los rasgos de otras especies, usa genes que ya existen. Un animal puede ser editado para poseer las mejores características de su especie. Esto puede sonar como un pequeño cambio, pero para un consumidor o una entidad regulatoria podría ser un cambio trascendental.
No estamos hablando de peces que brillan en la oscuridad. Estamos hablando por ejemplo, de vacas que nacen sin cuernos. La edición de genes nos permite tomar los rasgos que ya existen dentro de una especie e introducirlos en las líneas de sangre que poseen el mayor número de otras características deseables. Esto está actualmente en una laguna regulatoria. La FDA en la normativa vigente de Estados Unidos sobre los animales genéticamente modificados -publicada en 2009-, no se anticipó a la edición de genes y no la cubre.
Como nosotros como industria estamos logrando una mayor comprensión de lo que sucede a nivel genómico con la cría del ganado, la cuestión de poder editar los datos y pegar lo que nos gusta de un genoma a otro, se está convirtiendo en una realidad. Con el conocimiento de lo que exactamente produce cada fragmento de ADN, producir la mayor cantidad de leche o los mejores sistemas mamarios en las vacas será posible más rápido que nunca por intermedio de la edición genética, al poder juntar esos genes en un mismo individuo.
La Prueba genómica actual nos ha demostrado que una «Súper vaca» se puede construir a partir de las mejores haplotipos de la población Holstein. Esa súper vaca tendría un NM $ de 6.745. Esto es 5.794 puntos por encima de un excelente individuo con 951 en su índice de NM.
Al ritmo actual de progreso genético ($ 74 de NM $ al año), nos llevaría 80 años alcanzar la vaca súper genómica. Con la edición genética, este proceso puede ser reducido a 4 o 5 años!!!
La edición génica es un método significativamente más rápido y más preciso de avance genético que cualquier otra alternativa disponible en el mundo hoy en día. Si bien se puede pensar que este proceso llevará muchos años de implementación, algunas grandes empresas ya están invirtiendo en ello, por ejemplo utilizando un proceso de edición de genes para cortar segmentos de ADN que representan rasgos indeseables como la presencia de cuernos y añadiendo otros como la tolerancia al calor o una mayor producción de leche y sólidos.
Con estas empresas invirtiendo fuertemente en nuevas tecnologías, se plantea la cuestión de quién es el dueño de los derechos a la información y los productos resultantes. La evaluación genómica nos mostró las ventajas de un acceso temprano a la información, en algunos casos, ventajas significativas. Pensemos en las implicancias del acceso exclusivo a los animales de genes editados si eso significa una mejora genética siete veces mayor que las opciones actuales. Si usted piensa que una ventaja del 10% es un factor de cambio, piense lo que significaría una ventaja de 700%. Las tecnologías como la FIV y el semen sexado han demostrado las ventajas que tienen las empresas propietarias de las patentes de estas tecnologías.
Con semejantes ventajas en el potencial de los animales resultantes, no caben dudas de que estas tecnologías genéticas serán utilizadas por la industria láctea. Basta con mirar a las industrias de maíz y de semillas por ejemplo. Aproximadamente el 80% de la producción mundial de soja y el algodón se producen a partir de OGM (organismos genéticamente modificados). Esta adopción masiva de la tecnología de los OGM, a pesar de la reacción de los consumidores, demuestra que con mejoras significativas, los productos OGM llegaron para quedarse.
En 50 años la población mundial requerirá 100% más de alimentos y el 70% de esos alimentos deberá provenir de tecnologías de mejora en su producción. A menos que alguien descubra lácteos en la luna, vamos a tener que ser mucho más eficientes en nuestros métodos de producción de leche. La edición génica nos ofrece el potencial para satisfacer esta demanda. Con las tasas de avance genético actuales sería difícil de cumplir en 50 años lo que con la edición genética se podrá alcanzar en menos de 10 años. Seguramente un pequeño número de consumidores se opondrá a la edición de genes, pero la demanda masiva quiere leche barata y segura. La edición genética, ya que no es transgénesis, ofrece esta posibilidad. Esto plantea la pregunta: ¿»Los tamberos del futuro serán científicos sentados en laboratorios?»
Fuente:
Andrew Hunt Bullvine
Traducción: Raúl Mazzeo
