Desde REM se encuesta anualmente a las Regionales Aapresid para saber fehacientemente qué malezas están siendo más problemáticas y cómo se está atacando este problema.
La preponderancia de las diferentes malezas y los manejos respectivos van cambiando campaña tras campaña. Con el fin de ir monitoreando esta situación, desde REM se encuesta anualmente a los grupos Regionales Aapresid. Éstos se encuentran dispersos por una gran área, de manera que para un mejor análisis se dividió a la zona de influencia en 3 regiones: Núcleo (Norte de Buenos Aires, Sur de Santa Fe, Entre Ríos y Sudeste de Cba), Oeste (resto de Córdoba, San Luis, La Pampa y Noroeste de Buenos Aires) y Centro y Sur de Buenos Aires.
Las malezas más frecuentes durante el barbecho variaron entre zonas, sin embargo esto no sucedió con Rama negra (Conyza sp.) que fue la más mencionada en todo el territorio encuestado (Figura 1). Le siguieron en frecuencia promedio Perejilillo (Bowlesia incana), Ortiga mansa (Lamium ampleuxicable), Raigrás (Lolium sp), Nabos (Brassica sp), Cerraja (Sonchus oleraceus) y Pensamiento (Viola arvensis) estas 4 últimas muy frecuentes en el centro y sur de Buenos Aires.
Las marcadas diferencias entre zonas manifiesta una vez más la necesidad de estrategias de manejo ajustadas a cada una y, lo que es lo mismo, el posible fracaso que implica copiar recetas exitosas de otros lugares.
Respecto a la genética utilizada en soja para el manejo de malezas, el 18% de la superficie sembrada se hace con variedades STS (tolerante a sulfonilureas), siendo algo menor en la zona Oeste. En maíz, el 21% de la superficie sembrada se hace con híbridos tolerantes a glufosinato de amonio, siendo esto mayor en zona Núcleo y Oeste, mientras que un 13% de la superficie implantada posee la tecnología CL (tolerante a imidazolinonas), siendo algo mayor en la zona Oeste.
Estas diferencias entre zonas tiene cierto correlato con las malezas más problemáticas en cada una, sin embargo, es preciso aclarar que parte del uso está relacionado al interés por la variedad o híbrido y luego no se aplican los herbicidas para los que presenta tolerancia.
La utilización de herbicidas residuales es otra tecnología en incremento en los últimos años. En soja de primera ronda el 85%, siendo un 20% menor en el centro y sur de Buenos Aires (Figura 4). En soja de segunda, es prácticamente nulo en esta zona, pero ronda el 70% en las otras dos. En maíz temprano supera el 90%, a excepción del sur que ronda el 80%. Para el maíz tardío y de segunda ronda el 90%, a excepción del sur que ronda el 65%.
En segundo lugar se ubicaron los alquileres tardíos, tema recurrente y estructural en el agro argentino. En tercer lugar se mencionó la falta de piso, limitante esperable para una campaña como la que pasó, con excesos hídricos en numerosas zonas del país, pero que aparenta ser un escenario cada vez más frecuente y que deberá analizarse con atención a la hora de planificar próximas campañas. Las fallas en el reconocimiento sin duda es un déficit en los profesionales, a atender en lo inmediato.
Por último, sobre las prácticas de manejo no-químicas que se están implementando en campos del grupo Regional, los cultivos de cobertura fueron mencionadas por el 70% de los grupos. Le siguieron el achicamiento del espaciamiento entre surcos y la modificación de la fecha de siembra, con el 40%; el desmalezado manual y la limpieza de cosechadoras con el 30% y el control mecánico con el 25%. Cabe recordar que estas menciones no hacen referencia a superficie bajo estas prácticas, sino a números de grupos en los que hay algún caso con este tipo de práctica.
Queda claro que los cambios que se visualizan en cuanto a malezas están haciendo variar las prácticas que aplica el productor campaña tras campaña. Sin dudas se requieren hacer importantes cambios en plazos no demasiado extensos, pero se ve que ese camino ya se está transitando, los cultivos de cobertura y las prácticas culturales son muestra de ellos, la mención a la necesidad de mejores aplicaciones de herbicidas también.
