En términos generales si en una charla con productores uno quiere provocar una discusión “caliente”, alcanza con tocar alguno de estos tres temas: “Problemas con el personal”, “Endeudamiento y costo del crédito” o “Los mercados deprimidos y los subsidios de los países del primer mundo”. Algo hemos escrito sobre endeudamiento en el pasado y algo escribiremos sobre tendencias y subsidios en el futuro.
En esta ocasión quisiera analizar el tema de la mano de obra rural, los sentimientos que este tema genera tanto en los empleados como en los productores, y algunas ideas para entender todo lo que está en juego si seguimos sin resolver un problema que, a grandes rasgos, hemos preferido postergar desde siempre, tal vez, porque no sabíamos como encararlo.
Decía en el párrafo anterior que son múltiples los sentimientos que se manifiestan cuando uno habla con la gente de campo del tema de las relaciones laborales y humanas.
Algunos que se manifiestan por parte de los productores son:
RABIA cuando descubren un trabajo hecho en forma mediocre o una máquina nueva que costó mucho esfuerzo comprar, y que un empleado descuidado maltrató porque ese equipo ajeno no le importa en lo más mínimo.
IMPOTENCIA cuando se endeudan e invierten mucho dinero en la compra de tecnología de última generación que a la hora de producir no rinde lo que debiera por falta de capacidad de su gente para manejarla correctamente.
DECEPCIÓN cuando a un empleado al que apostaban como bueno y a quien se le habían ofrecido buenas condiciones de trabajo, se lo pescó robando o hablando mal de uno y de las condiciones de trabajo en el boliche del pueblo.
CONFUSIÓN, DESAZÓN, cuando no saben qué más inventar para que sus empleados pongan más ganas en su trabajo, para que se comprometan más con la empresa y se pongan la tan deseada “camiseta”.
Por el lado de los empleados también son muchos los comentarios que se cosechan cuando uno tiene la oportunidad de tomarse unos mates con ellos y “tirarles un poco la lengua” con la idea de acercar a las partes y resolver conflictos humanos.
DESESPERANZA, cuando ven que los años se van pasando y los sueldos siguen magros, y no pueden casi progresar o comprarse una casa propia o el auto que quisieran para moverse de un lado a otro con su familia.
FRUSTRACIÓN, DESENCANTO, cuando hacen esfuerzo para realizar bien sus tareas y en lugar de recibir una felicitación reciben solo críticas o retos por las cosas mal hechas y ningún reconocimiento por los logros que van a la par.
DESCONCIERTO cuando se les pide mayor nivel de rendimiento en su trabajo pero no se los capacita para las tareas que deben desempeñar.
DESCONFIANZA, porque se los hace participar de los problemas cuando las cosas andan mal y se necesita más colaboración y se los ignora o deja de lado cuando las cosas andan bien. Los dobles mensajes siempre tienen un alto costo para las empresas.
Seguramente usted estará pensando, “Yo no soy un patrón de esos”, u , “Ojalá mis empleados tuvieran la mitad de los sentimientos o sensaciones que se enumeran aquí arriba, por lo menos querría decir que tienen ambición de progresar.”
Es cierto que no todos los empleados son buenos como es tan cierto que no todos los patrones son perfectos.
Hay empleados mediocres o definitivamente malos, deshonestos, irresponsables, desprolijos, sucios, sin interés en mejorar o progresar o indiferentes ante un buen o mal trabajo, como también hay empleados muy buenos, que quieren algo mejor para sí y para sus familias y buscan continuamente la forma de progresar mejorando su desempeño porque saben que si a la empresa le va mejor a ellos también les puede ir mejor.
También aclaremos que hay patrones buenos, que dan a sus empleados condiciones de vida dignas y cuidan de ellos y de sus familias, que tratan de motivarlos y promover su crecimiento humano, así como hay personas de esas que dan la bienvenida a una empresa diciendo “Aquí nadie es imprescindible”, con lo cual la amenaza de despido ya está latente desde el inicio. Personas que solo se fijan en gastar poco, que dan condiciones de vida miserables a su gente, total “…con el hambre que hay, si este se va, atrás tengo otros haciendo fila para entrar y por menos plata…”, y aunque estas frases le suenen exageradas, le aseguro que están tomadas de la realidad.
Lo que quiero decir con todo esto es que analizaremos el tema desde la óptica de lo que es deseable tener para que la empresa funcione, y de lo que pasa cuando esa situación ideal no se da.
¿Por qué nos planteamos este tema hoy en día con tanta gravedad y no era un tema problemático hace 15 ó 20 años?
Tal vez porque cambiaron muchas cosas en estas últimas dos décadas, veamos algunas de ellas:
HACE 20 AÑOS
Los procesos productivos en el agro eran mucho más simples que hoy en día, se manejaban menos variables, eran sistemas más extensivos, se trabajaba relajado, a la gente se le pagaba para hacer cosas y no tanto para pensar porque no había mucho en que pensar. Con un “patrón” que diera órdenes y pensara por los demás alcanzaba.
A media máquina se vivía bien y no había necesidad de andar corriendo y cuidando tanto el dinero, de hecho los bancos ofrecían créditos “de fomento” con tasas muy bajas o negativas por la inflación, y como dinero había los únicos riesgos eran el clima y el precio de los productos, con lo cual en este escenario se toleraban muchos más errores en el trabajo cotidiano.
Había mucho más personal en las áreas rurales, y si un empleado se iba otro aparecía y lo reemplazaba más o menos rápido. También había muchas más empresas rurales, por lo que muchas veces era el empleado el que daba el portazo ante la menor molestia porque sabía que en cualquier otro lugar iba a encontrar trabajo para salir del paso.
HOY
La cosa cambió drásticamente, la tecnología permitió llegar a rendimientos físicos mucho mayores pero los sistemas de producción se fueron haciendo más intensivos, mas complejos, hubo que hacer mayores inversiones en equipos, la mecanización fue reemplazando el trabajo manual y ahora tenemos tractores y trilladoras de última generación, con GPS y computadoras de a bordo, pero usted sabe bien que a su viejo tractorista no lo puede bajar de un Someca y ponerlo a trabajar de golpe en una de estas máquinas porque la cosa no funciona así nomás.
La globalización y la mayor competencia entre empresas le agregaron nuevos y desconocidos riesgos a la actividad rural que además vio como los subsidios y los excedentes de producción – que se lograron por aplicación de tecnología – deprimieron los precios y achicaron los márgenes de las actividades que antes alcanzaban para vivir y hoy no.
A la par, vía convertibilidad y estabilidad económica, las tasas de interés se hicieron positivas.
El riesgo del sector aumentó y el crédito se hizo más caro y más escaso, y el margen de error se achicó dramáticamente. Hoy no tenemos “colchón” para absorber errores.
Muchas empresas se fundieron y expulsaron recursos humanos que aumentaron la migración hacia los grandes centros urbanos. Hoy hay menos personas entre quienes elegir, y no siempre nos encontramos con los mejores.
El “patrón” de antes tuvo o tiene que hacer el esfuerzo de convertirse en “empresario”, capacitarse y adicionar muchas más responsabilidades y tareas a las de antaño, y como no le da el cuero para todo lo que tiene que hacer, tiene que delegar, y cuando mira alrededor no ve en quienes puede hacerlo.
Frente a este escenario, hoy necesitamos empleados que hagan y que piensen. Que tengan iniciativa y que estén capacitados para mejorar procesos continuamente como una forma de poder mantener competitivas a nuestras empresas, y lamentablemente nos encontramos con una realidad que nos muestra tecnología dura (maquinarias, equipos, genética, agroquímicos, procesos, etc.) del siglo XXI y mano de obra modelo 1960 ó 1970, que no puede lograr los resultados que se esperan. Y este desfasaje aumenta día a día porque lo que se invierte en capacitación de operarios rurales es prácticamente nulo.
¿Qué es lo que está en juego si no mejoramos esta situación?
Lo que está en juego no es nada más ni nada menos que el futuro de nuestras empresas y por ende nuestro propio futuro.
Hoy más que nunca se hizo cierto eso de que “El recurso más importante de una empresa es su gente”, mire a su alrededor, mire a los que se funden y a los que les va bien y podrá comprobarlo en el día a día.
Hoy es inadmisible permitirnos el lujo del desánimo, la rabia, la desesperanza, el miedo, la desconfianza o la confusión entre empleados y empleadores que comenté al inicio de esta nota, porque el precio de estos sentimientos es más tarde o más temprano, uno solo: nuestra empresa.
¿Qué necesitamos hacer para superar la situación actual?
Reconocer que palabras como “Delegación, Motivación, Capacitación, Organización, Trabajo en Equipo, Búsqueda y Selección de Personal, Comunicación, Manejo de Conflictos”, y muchas otras, también forman parte del bagaje tecnológico del siglo XXI, y que habrá que invertir una parte de nuestros recursos económicos en dominar este tipo de técnicas si queremos potenciar el rendimiento de todos los otros recursos de la producción, ya que la tierra, los fertilizantes, las maquinarias, semillas, instalaciones y animales son necesarios, pero tienen un pequeñísimo defecto: NO PIENSAN ni se organizan por sí solos.
Para pensar, organizarnos y trabajar cada día mejor deberemos prepararnos nosotros, empresarios, familiares, asesores u operarios, los recursos humanos de nuestras empresas rurales.
En la próxima nota le propongo entonces comenzar a recorrer este camino analizando el proceso de búsqueda y selección de personal en una empresa rural. ¿Nos acompaña?.
Ing. Fernando Ravaglia
Publicado en: Mano de obra
