Paraguay entabla nuevas relaciones con Argentina no sólo en el ámbito gubernamental, sino también en el privado. En lo que concierne a la agricultura, resalta la reapertura del vecino país a la importación de la soja para su industrialización y posterior exportación como aceite y harina. ¿Quiénes podrían ganar, quiénes podrían perder y cuál es el riesgo colateral de la medida?
Hay posturas encontradas en el sector productivo ante esta situación, según Capeco los pequeños exportadores paraguayos saldrían ganando con la apertura. Ahora podrán exportar sin depender de las multinacionales con las que tenían que trabajar para llegar a mercados más lejanos y con volúmenes más exigentes, de acuerdo a lo señalado por José Berea, presidente de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas, (Capeco).
“Antes que se cerrara el mercado argentino ya se enviaba cerca de 600.000 toneladas. Cuando se cerró, Paraguay tuvo que conseguir otros mercados y encontró a Rusia que hoy es el principal mercado que tenemos”, mencionó.
La Cámara Paraguaya de Procesadores de Oleaginosas y Cereales (Cappro), advierte que la reciente medida de flexibilización para la importación de granos de soja adoptada por Argentina podría perjudicar fuertemente la industria paraguaya, pudiendo causar desabastecimiento y paralizar todos los planes de expansión en estudio y cualquier otro potencial emprendimiento.
EFECTOS NEGATIVOS
Asimismo, la Cappro señala mediante un comunicado, que como otro de los posibles efectos negativos de la medida argentina, se sumaría la disminución de los volúmenes de productos procesados a exportar, afectando el flujo logístico constante y durante todo el año de las empresas de transporte terrestre y logística fluvial.
“Esperamos que nuestro país tome las medidas necesarias para permitir que se generen y mantengan los puestos de trabajadores calificados que actualmente estamos empleando, que se propicie el agregado de valor de la producción dentro de las fronteras del país y se permita el crecimiento de otros emprendimientos agroindustriales de estrecha relación a nuestro sector’’, manifiesta parte del comunicado.
PRODUCTORES ARGENTINOS PIERDEN
Salen perdiendo con esta medida los productores argentinos. Eran los proveedores exclusivos para la industria de ese país durante siete años. Se abrió el mercado y competirán con la producción de Bolivia, Brasil y Paraguay. “Esto es injusto mientras que la soja en Argentina tenga 30% de retenciones”, según Carlos Etcheparre, analista del portal argentino elrural.com.
La industrialización en Paraguay ha generado una mayor diversidad de productos para exportar, a mejores precios y más destinos; generando impacto directo en las economías regionales de ciudades como Villeta y Capiatá en el Departamento Central, Coronel Oviedo en el Departamento de Caaguazú, Minga Guazú en el Departamento de Alto Paraná, Coronel Bogado y Bella Vista en el Departamento de Itapúa.
El gobierno argentino decidió flexibilizar la importación temporaria de soja y abrió una polémica entre referentes del mercado de granos.
Por un lado, hay quienes dicen que la medida tiene como objetivo presionar a los productores que no venden sus granos pese a la devaluación del peso y a la baja de retenciones; por el otro, están quienes creen que se trata de volver a usar un mecanismo que se prohibió en 2009 y que en 2012 se restituyó en forma parcial, señala el medio argentino La Nación.
En una resolución conjunta de los ministerios de Producción y de Hacienda, se estableció la exclusión de exportadores del Registro de Operadores de Soja Autorizados (ROSA). Ese registro había sido creado en 2012 por el entonces titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, para determinar cuáles eran los exportadores autorizados a importar soja bajo el régimen de admisión temporaria, que había sido derogado en 2009.
Por la admisión temporaria, la industria aceitera podía importar soja en grano desde Paraguay y Bolivia sin pagar aranceles, para transformarla en harinas, aceites y biodiésel, entre otros productos.
5 Días. Py
