Desinfección de suelo una práctica fundamental para proteger a la producción hortícola

Ing. Agr. Mariela Pletsch, Coordinadora Regional de la región NEA en Casafe

El suelo es un medio vivo, con presencia de macro y microorganismos que pueden ser benéficos y/o perjudiciales. Para evitar la proliferación de patógenos del suelo (hongos, bacterias, artrópodos y nematodos) y de semillas de malezas que puedan afectar negativamente al cultivo, es necesario desinfectar el suelo.

Estamos transitando los meses de verano. En esta época, los productores hortícolas comienzan con las prácticas culturales previas al transplante. Para iniciar un cultivo sano es fundamental una buena desinfección de suelo previa. Esta puede ser química o física. Esta última es muy utilizada en el NEA ya que el período estival hace que el método de solarización sea efectivo.

¿En qué consiste la práctica de desinfección?

Si se realiza una desinfección química, hay productos específicos para tal fin y técnicas de aplicación descriptas en el marbete del producto. Los desinfectantes de suelo generalmente son productos volátiles, por eso es fundamental leer atentamente la etiqueta, respetar las indicaciones establecidas y los tiempos de reingreso al lote.

Por su parte, la desinfección física, o solarización, es por temperatura y puede realizarse en regiones con veranos cálidos, como son el NEA y el NOA. Se realiza por medio de energía solar que, atrapada en el invernadero, eleva la temperatura del suelo lo suficiente como para inactivar muchas plagas y enfermedades.

En suelos húmedos, una técnica efectiva para capturar la energía de la radiación solar es colocar una lámina de polietileno transparente sobre ellos. Esto permite un mejor control y una solarización más efectiva porque la energía reirradiada (con mayor longitud de onda) no pasa a través de esa película a la atmósfera exterior.

Los suelos secos deben ser bien regados, hasta que alcancen la capacidad de campo antes de ser cubiertos. Es necesario estimular el pasaje de patógenos en estado de dormancia a formas activas, sensibles a la temperatura y promover actividad biológica que conduzca a procesos benéficos que estimulen el control.

En la solarización, el calentamiento del suelo debe alcanzar temperaturas de entre 36º y 50º C en los 30 a 45 centímetros superiores, permitiendo la disminución y/o eliminación de muchos patógenos, malezas, ácaros, bacterias y nematodos. Esta práctica activa mecanismos de tipo físico, químico y biológico del suelo, que producen la muerte de patógenos, incrementan el rendimiento de los cultivos y disminuyen las poblaciones de malezas, principalmente anuales.

Principios de la solarización del suelo

Su efectividad para la desinfección del suelo depende de varios factores:

Temperatura: principal variable de este proceso.

Humedad: La transferencia de calor se aumenta por la humedad del suelo, y el crecimiento de los microorganismos se ve favorecido, haciendo que se vuelvan más vulnerables a los efectos letales del aumento de la temperatura de la solarización.

Longitud del día e intensidad solar: afectan directamente la solarización. Los meses de verano son los más apropiados (diciembre a febrero).

Características de la película plástica: las de baja densidad tienen amplia aceptación. Su flexibilidad y resistencia a la tensión evitan que se horaden y/o rasguen. Los de menor costo y más eficientes son los de 0.025 a 0.040 mm. El polietileno es ideal porque es esencialmente transparente a la radiación solar y completamente opaco a la radiación terrestre, funcionando como almacenador solar.

Características del suelo: La absorción de la radiación solar varía de acuerdo con la coloración, textura y estructura del suelo. En igualdad de condiciones, un patógeno es más afectado en un suelo arcilloso que en uno arenoso.

Secuencia de la práctica de solarización

Época apropiada: diciembre a febrero.

Importante: lavar las herramientas utilizadas con agua y lavandina para preservar la desinfección del suelo.

  1. Trabajar el suelo en profundidad, (no menos de 30-45 cm.).
  2. Incorporar los abonos orgánicos (estiércol vacuno o cama de pollo).
  3. Sistematizar el suelo, armando el futuro tablón o lomo ligeramente abovedado.
  4. Regar suavemente para que penetre en profundidad, que no achate la tierra, (esta tarea puede tomar varios días), hasta alcanzar humedad a capacidad de campo.
  5. Comprobar que el suelo esté mojado en todo el perfil.
  6. Colocar el polietileno de solarización sobre el cantero, preferentemente en horas de sol para poderlo estirar bien y que no queden burbujas de aire.
  7. Asegurar la cobertura. Cerrar bien el invernadero o túnel.
  8. Dejar transcurrir de 4 a 6 semanas.
  9. Quitar el polietileno.
  10. Acondicionar el suelo para el transplante.

Un suelo desinfectado, es sinónimo de producción segura y protegida. Tené en cuenta estas recomendaciones y cuidá tu suelo responsablemente.